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CONCIERTO DE NOA EN
MADRID (29 Marzo) (by ALVARO FEITO) (**) MADRID.- Noa pertenece a esa estirpe de grandes voces orientales que se pierden en las junglas de Occidente. Nació en Israel, y sus raíces proceden de Yemen. Sí, ya sabemos que se crió y educó en el Bronx neoyorquino. Cuando regresó a su patria para realizar el servicio militar, era casi una jovencita norteamericana. En maneras y modos musicales, también. Traía en la mente sonidos de California, cantautores del Village y estrellas del pop-rock. Ella ha querido transplantar esas influencias a un vago aroma hebreo, cada vez menos presente en su tarea. Su nuevo disco, Blues Touches Blue es el tercero de su «lanzamiento» internacional. Un sonido híbrido recorre su espina dorsal. Son canciones pulcras, correctamente construidas, arregladas, elaboradas e interpretadas. Con la asepsia de lo musicalmente correcto. Temas de una simpleza literaria que bordea lo candorosamente pueril. Piezas de una línea melódica suave y melodiosa, al gusto de las capas que aprecian el rock adultamente orientado. Pero Noa (su verdadero nombre, Achinoam, fue la primera mujer del rey David) tuvo un momento de iluminación cuando conectó de verdad con sus raíces. Aún guarda algo de la entonación tradicional hebraica, del melisma ornamental orientalizante, de la sensualidad tímbrica de melodías arcaicas y ecos de danzas sufí. El sonido de los desiertos y de los cielos infinitos, esos que intenta desentrañar en canciones como, por ejemplo, Explain the night. Ahora, esas moléculas de arte genuino y único suelen sucumbir al paso de la inevitable «actualización». A medio camino entre nuestra racial Rosario y la pléyade de vocalistas eléctricas tipo Pat Benatar, Noa sabe, a estas alturas, manejar una audiencia desde el escenario, y es experta en el arte de la simpatía comunicadora. Lanza divertidas presentaciones en un inglés exquisito, se mueve a su antojo, brinca, salta, se contorsiona, incluso se atreve a probar con notable destreza tambores y darboukas, y a improvisar solos percusivos y raps hablados. Y su voz, a veces, un tanto histriónica, entra en el terreno de las privilegiadas. En su triunfal concierto de Madrid, los bises estuvieron dedicados al hermoso tema central de la película La vida es bella (Beautiful that Way), y a apoyar el lanzamiento del último trabajo discográfico de su compatriota y amigo, David Broza. Todo fue esa noche política, híbridamente consecuente. El público lamentó, no obstante, la ausencia de Miguel Bosé.
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